Un paseo por las ruinas del Poblenou, el que fue gran barrio obrero de Barcelona.

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PRENSA OBRERISTA EN EL POBLENOU DE FINALES DEL S.XIX – “EL GRITO DEL PUEBLO”

Como es lógico es en la época en que el municipio de Sant Martí de Provençals está segregado de Barcelona, cuando más proliferan los títulos locales de publicaciones periódicas.
Desde el 1872 en que aparece la primera, “El Eco del Taulat”, hasta el 1897 con la agregación a Barcelona, que coincide con la desaparición del semanario “El Adalid martinense”, surgen una variada muestra, reflejo de los diversos intereses, principalmente localistas, que pretendían influir en la política municipal, y también otros más propios de la clase obrera que en el núcleo industrial del Poblenou no hacía sino crecer y reconocerse. Las publicaciones no eran muchas si se compara con la capital, pero sí si lo hacemos con otras poblaciones del Pla de Barcelona. También debemos recordar que en el municipio, agrícola e industrial, había escasez de recursos, imperaba el analfabetismo y la represión, que cuando se ejercía era férrea y brutal; es por eso que la prensa obrerista es la que sufre una vida más azarosa y poca ha sido la que ha llegado hasta nuestros días. Aquí daremos cuenta de tres publicaciones obreristas que con diferente suerte han llegado hasta nosotros para saber de su existencia:
“El Grito del Pueblo”, y posteriormente “La Unión Obrera” y “El Eco de Toneleros” (después “El Eco de Obreros Toneleros”)
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También puede ser útil consultar una Cronología del Movimiento Obrero de estos años que nos ocupan.

“El Grito del Pueblo” fue un periódico semanal anarco-colectivista que se publicó desde el el 10 de Julio de 1886 hasta el 18 de Noviembre del mismo año en que cerró, debido a varias denuncias y su director, Indalecio Cuadrado, fue condenado a 4 meses de prisión por un artículo en el que defendía la jornada de 8 horas.“Si decimos que el obrero debe prepararse a la lucha en pro de la jornada de las ocho horas, se nos denuncia; si excitamos a los albañiles, carpinteros y lampistas se nos denuncia; si por medio de una última hora anunciamos la huelga y pedimos que sean enérgicos los carpinteros se nos denuncia; y si damos cabida escritos de los trabajadores que ponen de manifiesto las arbitrariedades de los explotadores, se nos lleva a los tribunales.”Su postura ideológica dentro del anarquismo era la del colectivismo como queda claro en las siguientes lineas: “La bandera que hoy enarbolamos es la que ostenta la Federación de Trabajadores de la Región Española; con ella estamos y estaremos siempre que se no se separe de los sacrosantos principios de Anarquía, Federación y Colectivismo. Los que la persigan, son nuestros enemigos; los que trabajen por su desarrollo o por las ideas de emancipación, son nuestros hermanos.”El periódico tenía su administración en la Plaza del Mercado, 18, 4º, 1ª, a nombre de Salvador Espí , y su director era Indalecio Cuadrado, que quizá había venido al barrio con la intención de crear una masa social en apoyo de la jornada de ocho horas y también para contrarrestar la influencia del periódico anarco-comunista “La Justicia Humana”, que se publicaba en el barrio de Gracia, entonces también segregado de Barcelona.
Indalecio Cuadrado había nacido en Valladolid en 1864. Como tipógrafo dirigió en su ciudad natal “La Crónica de los Trabajadores”, una publicación meramente estadística por la que fue procesado. Presidió la Comisión Federal de la FTRE en 1884, en un momento de crisis de la asociación y precisamente se mostró de acuerdo y fomentó la pérdida de atribuciones de la Comisión que presidía. Está presente ya en el congreso comarcal catalán de 1885 y participa de forma activa en los debates organizativos que se desarrollan en los periódicos anarquistas “Acracia” y “El Productor”. Atraído por el naciente núcleo obrero del Poblenou que crece en Sant Martí de Provençals, y pensando quizás que estaría más a salvo de la represión que en Barcelona, funda el periódico “El Grito del Pueblo” desde donde defenderá las tesis colectivistas y la campaña por la jornada de ocho horas, por cuya causa sufre prisión y la clausura del medio. Más tarde sintiéndose perseguido emigra a Argentina, donde primero se acerca a los círculos anarquistas, para después con una pequeña fortuna fundar una imprenta, abjurar y apartarse de los medios libertarios, hasta ser considerado por éstos como un traidor, que se inclina por el republicanismo radical, pues al frente de la Liga y el Centro Republicano y desde sus periódicos El Imparcial y El Republicano Español, es uno de los más furibundos defensores del demagogo Lerroux.
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