Un paseo por las ruinas del Poblenou, el que fue gran barrio obrero de Barcelona.

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EL ATENEU LA FLOR DE MAIG Y CUANDO SE CORTA LA FLOR

Lamentablemente llegó el día, el 31 de Mayo, en que se escenificó la sentencia. El Ajuntamiento de Trias y CiU condenaba al Poblenou a quedarse sin el Ateneo Popular La Flor de Maig y las entidades que lo mantenían vivo tenían que dejar las llaves. 
El Ateneo había sido uno de los primeros lugares recuperados por el movimiento vecinal, tan potente durante la transición. La Associació de Veïns del Poblenou había pedido la salvación de aquel edificio histórico  en  que había florecido la Cooperativa La Flor de Maig y destinarlo a “ateneo popular” donde las entidades sin sede  desarrollasen sus actividades culturales y sociales.

En Mayo de 1977 consiguieron que el ayuntamiento de Socias Humbert, el último alcalde franquista, accediese a sus peticiones pero después de realizar las obras de restauración. Con el entusiamo y la imaginación popular de los comienzos se realizaron pasacalles y diversos actos lúdicos como propaganda del nuevo espacio que abrió al barrio  a finales de 1978.
Cuando en 1950 la antigua Cooperativa 
se disolvía, ayudada por el anquilosamiento social del régimen franquista, su edificio acabó en manos de un chatarrero que alquiló el piso y la entrada principal al Ayuntamiento de entonces que la destinó a escuela profesional del Sindicato Vertical, lo que sería el Ateneu, y los bajos, donde se habían situado las tiendas de la cooperativa, fueron alquilados por diferentes talleres a lo largo del tiempo.
Entre las personas que con su dedicación y entusiasmo ayudaron a levantar esa nueva idea, pues aún no existían los centros cívicos, hay dos ya desaparecidas, que conviene recordar. Una, el gran hijo adoptivo del barrio y periodista defensor de toda causa popular, José Maria Huertas Clavería y la otra el historiador y archivista,Manuel Arranz, muerto muy joven.
La idea inicial era hacer del Ateneu una entidad diferente a las otras, ya existentes en el barrio, un lugar de encuentro de los sectores “progresistas” (cuando esa palabra tenía sentido), un lugar donde confluyese el compromiso social, sin ser una asociación de vecinos, y donde se desarrollase una determinada manera de entender la cultura. Nacía pues el Ateneu con un sello popular y autogestionario muy marcado.
En aquellos tiempos aún no se había desarrollado el consumismo lúdico que luego invadió nuestras vidas y habían necesidades básicas, sociales o culturales que no estaban cubiertas. Desde los pases de películas, con el posterior coloquio, hasta la escuela de adultos o el servicio de biblioteca, todo eran necesidades que brotaban del “hambre de cultura”. Además estaban los innumerables talleres de cerámica, fotografía, pintura y dibujo, sardanas, bailes de salón, astrología, etc. que hoy ofrece cualquier centro cívico pero que en aquellos tiempos eran  novedosos. 
También algunas experiencias pioneras, como aquella de la “Orgía Artística” del 87 y el 88 con doce horas seguidas de cultura en directo y de intercambio artístico multidisciplinar, y otras que con el tiempo han llegado a ser una muestra populosa, como las Festes de Maig del Poblenou.
Sobre la entidades que estuvieron allí comenzando por la misma Associació de Veïns, el Arxiu Históric del Poblenou, el Grup de teatre Roba Estesa, la Peña Ciclista, el Club de Futbol Rayo, el Grup per la Pau i Ecologista, el Grup de Dones, la Colla del Drac, L’Esplai Flor de Maig, Coral Joncar, Colla Sardanística Xaloc, Club Atletic Canaletes, Associació el Rellisquín, o la de emigrantes guineanos Riebapua, muchas de ellas creadas entre sus paredes. O hasta llegar a los ultimos años con L’Associació Biniki Espectacles, la Colla Excursionista La Senyera o la Sardanística Roure, la sección de Tenis de Taula y los grupos de música como Bauma o Walla Belako.
El Ateneu ha sido un espacio vivo y como tal, también no exento de períodos más bajos. La misma inauguración del Centre Cívic Can Felipa en 1991 representó que algunas de sus entidades más representativas marcharan a unas instalaciones más modernas y que el centro quedara un poco aislado comparado con los tiempos pasados. Lo que llevó al Ateneu a un período de autocrítica, a perder parte del papel cultural inicial y ser más como una federación de entidades, sin renunciar a la autogestión.
Pero si damos como cierto que se produjo un cambio de las circunstancias sociales, una acomodación de los nuevos vecinos y una cierta caída de la vida social en los últimos tiempos, también estaremos de acuerdo que estas circunstancias están dando un giro que vuelve a dar sentido y necesidad a la autoorganización en todas esas facetas que creímos olvidadas. Es eso lo que hace especialmente grave la pérdida de este espacio, aparte del Ateneu como edificio histórico y su valor intrínseco, incluído en el Pla Especial del Patrimoni Arquitectònic Historicoartístic con el Nivel C, lo que dificilmente le protejerá de la ruina si no es ocupado.
Está el tema sí, del elevado coste del alquiler y aquí poco podremos sacar en claro de turbias como bajan las aguas y sólo se explica por la tranversalidad de los intereses económicos y la política. No se entiende como se puede pasar de un alquiler de 25.000 ptas mensuales en aquel 1977 a los 4.163€ (690.000 ptas) actuales que decía el Ayuntamiento pagar.
Luego está el tema del desinterés, la opacidad y la renuncia por parte del Ayuntamiento a comunicarse fluidamente  con las entidades y los vecinos, y su renuncia a solucionar, representar e intermediar ofreciendo alternativas a la propiedad. Aquí se ha visto que el Ateneu por ser autogestionario, popular y por lo que representa históricamente no es apreciado por esa derecha neoliberal que nos gobierna a golpe de tijera.
Ya en la década anterior y con el tema del patrimonio industrial e histórico del Poblenou y del 22@ se había evidenciado una postura de prepotencia por parte del Ayuntamiento de Barcelona con respecto a las protestas vecinales, pero en menos de un año el nuevo alcalde de CiU, Xavier Trias y el nuevo regidor del Distrito, Eduard Freixedes, han demostrado que se puede ir más allá.
Cuando a mediados de Enero de este año 2012, el Director de Serveis General del Districte de Sant Martí, Xavier Martinez, se pone en contacto con la presidenta del Ateneu Popular La Flor de Maig, Yolanda Romero, para comunicarle que a partir del 31 de Mayo el Ayuntamiento dejará de pagar el alquiler del local, está claro que la decisión ya está tomada de forma unilateral y lo que sigue es un lamentable ninguneo a la Junta, que tiene que oir de la boca del Sr. Eduard Freixedes el sarcasmo, de que no se quejen que aún han sido unos privilegiados.
El mismo Sr. Freixedes es una triste constatación de como cambian los discursos de los políticos cuando están en la oposición o cuando ostentan el poder. Baste recordar como en el pleno del distrito del 4 de Mayo del 2006, cuando aún se llamaba Eduard García, demostraba su radical oposición al proyecto del Ayuntamiento tripartito respecto a Can Ricart, donde sólo se respetaba parcialmente parte del recinto, y se manifestaba a favor de su integridad y también del mantenimiento de la actividad productiva, lamentándose de la destrucción del barrio y de que “no se ha escuchado a la gente”.
Llegó el día, el 31 de Mayo, cuando el Ayuntamiento ha cerrado el Ateneu a los vecinos, pero esa tarde a las 5 el mismo vecino que colgó la pancarta reivindicativa del edificio a finales de los 70 lo ha vuelto a hacer.
Se puede cortar una flor… pero otras crecerán mientras derribemos los muros que se levantan.
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